Cuando comenzamos a hablar de publicidad, marketing y ventas, nos topamos con un montón de conocimiento empírico que ha ido cambiando, y perfeccionándose a través del tiempo, con base en tendencias y comportamientos humanos. Hace tan solo unos años, era complicado dar una respuesta que convenciera a los clientes más incrédulos del cómo o por qué una estrategia era más ­conveniente que otra, más allá de mostrarles otros casos de éxito, la confianza en el buen juicio del estratega y la experiencia del equipo.

 

Con el nacimiento de las neurociencias, se abrió un nuevo panorama para entender el comportamiento humano, acercarnos aún más al consumidor y entender por qué escogemos un producto u otro, con la ayuda del NeuroMarketing.

El neuromarketing estudia los procesos biológicos y cerebrales durante la toma de decisiones al momento de compra, primero basándose en el modelo de cerebro de Paul MacLean, y después tomando como referencia la Neuropirámide de Romano, que explica cómo nuestro cerebro procesa la información que recibe, mediante un estímulo, para convertirlo en acción.

El entender qué mueve a nuestros clientes, nos dan la oportunidad de generar los  estímulos específicos que potencializarán los discursos de ventas y la experiencia de usuario, dando como resultado la fidelización de tu cliente a la marca, y ventas.

 

A pesar de las maravillas y oportunidades que nos ofrece el NeuroMarketing, no es una herramienta que deba trabajar por sí sola. Incluir estudios biológicos, antropológicos, psicológicos y sociológicos, es muy importante para obtener un estudio detallado que nos permita realizar una estrategia más completa.

 

¿Haz tenido alguna experiencia con el NeuroMarketing? ¡Cuéntanos en los comentarios!